Dos milenios recorren las raíces del gigantesco árbol mexicano del Tule

Literalmente el papá de los arboles mesoamericanos

por Manuela Astacio
tomado de Diario elpaís.cr

El árbol del Tule, uno de los más grandes y antiguos del mundo, preside un jardín del estado mexicano de Oaxaca desde hace unos 2.000 años, gracias a la cercanía de un acuífero subterráneo que lo mantiene vivo.

El manto freático, que discurre a unos treinta metros de las raíces de este gigante, es el responsable de que su tronco de 14,35 metros de diámetro -que es el mayor del mundo y alcanza una circunferencia de 45 metros- continúe necesitando a treinta personas con los brazos extendidos y entrelazados para abarcarlo en su totalidad, explicó a Efe el guía turístico José Luis Esqueda.

En blanco y negro o en color, numerosas fotografías de distintos momentos del último siglo muestran a mexicanos de todas las edades que unieron sus manos para abrazar el emblemático tronco.

Se trata de un ejemplar de sabino o ahuehuete, un nombre azteca que significa 'abuelo'. Pertenece a la familia de los cipreses, que se caracterizan por necesitar mucha agua, de ahí que su longevidad sea aún más milagrosa.

Los habitantes de Santa María del Tule se resisten a creer que tal prodigio de la naturaleza proceda de una semilla que transportó el viento, así que cuentan que fue Pechocha, un sacerdote de Ehécatl (dios del viento en la cultura mesoamericana) quien lo plantó.

También existen varias teorías acerca de su nombre. Tule significa, para algunos, "iluminación", una idea reforzada por la presencia a su lado de la iglesia de Santa María del Tule, nombre que identifica también a la población que brotó en torno a este majestuoso árbol.

Lo cierto es que el tule es una planta muy común en ésta y otras regiones de México, y con una importancia especial en la economía local a lo largo de su historia, ya que a partir de ella se elaboraban tejidos, muebles y toda clase de objetos realizados en mimbre.

El uso del tule se remonta a hasta 7.000 años antes de Cristo, época en la que, como hoy le sucede al árbol, gozaba de un simbolismo especial. Las culturas prehispánicas representaban mediante sus hojas a muchas de sus deidades.

Son tantos los pájaros que se agolpan en las ramas de este árbol milenario, que su canto es ensordecedor. Bajo ellas, según Esqueda, han pasado "miles de visitantes de todo el mundo", y algunos niños de la zona les esperan para ganarse unas monedas con cuentos sobre el origen de este árbol y las curiosas formas que dibujan su tronco y sus raíces.

"La corteza hace formaciones caprichosas que, con un poquito de imaginación, parecen la cabeza de un león, la cara de Santa Claus, o, como dicen algunos niños de aquí, incluso las bellísimas piernas de la princesa Carolina", comentó Esqueda.

Hay, además, un caimán que asoma entre las raíces, un rincón del tronco al que llaman "La cueva de los duendes" y otras figuras menos románticas, como lo que parece un trasero humano, al que se conoce como "Rascando la pompa".

Los niños del pueblo también han aprendido a contar en inglés la historia del árbol que ha sobrevivido a los aztecas, a los conquistadores españoles y a unos cincuenta presidentes de la República.

En 1996, este sabino fue sometido a una tala en la que se le despojó de diez toneladas de madera inerte. Hoy, carteles en español, inglés y alemán recuerdan a su sombra que está prohibido arrancar una sola de sus ramas.

Aunque éste es el árbol más grande y antiguo de México, no es raro hallar aquí un ejemplar tan bien conservado.

El Inventario Nacional de Árboles Notables de México tiene registrados una treintena de árboles de avanzada edad, entre los que figuran varios con más de doscientos años.

Pero el del Tule sigue siendo un caso especial. A su alrededor, en lo que se considera un sitio sagrado, los locales celebran cada octubre el Día del Árbol del Tule, en el que se lanzan cohetes y se degustan los famosos "antojitos" oaxaqueños.

Mientras, las más de seiscientas toneladas que pesa este árbol continúan en pie pese a terremotos (como el que en 1999 sacudió Oaxaca y Puebla), huracanes (el último, Juliette, en 2001) y lluvias torrenciales, como las del pasado febrero.